NUIT BLANCHE

Unos meses atrás una amiga publicó un vídeo en su blog que me dejó sin palabras. Se trata del corto “Nuit Blanche” dirigido por Arev Manoukian, un joven cineasta canadiense de 28 años quien además lo editó, fue el director de fotografía y productor. El rodaje duró 4 días, mientras que la postproducción se alargó durante 8 meses de trabajo para crear todos los efectos digitales.

Por favor, ved este vídeo a tamaño completo, apagad las luces y subid el volumen. Regalaros cinco minutos para soñar y luego seguid leyendo:

La acción se desarrolla en el París de los años 50. Un hombre camina por la calle, aparentemente ha salido del trabajo y se dirige de vuelta a casa, cuando de repente se detiene fascinado por una mujer a la que tras el cristal de un café¹ al otro lado de la carretera. Las miradas de ambos no tardan en encontrarse y es en ese momento cuando estalla un mundo de sentimientos, fantasía e imaginación a cámara lenta.

En los siguientes tres minutos están condensadas todas las sensaciones de ese cruce de miradas, que en el mundo real apenas duraría unas décimas de segundo. En ese instante, la acción se traslada al reino de la mente y ambos protagonistas se dirigen decididamente hacia el otro, fruto de la ardiente pasión y de los sentimientos que se han despertado en su interior por culpa de ese fugaz encuentro. La realidad y el tiempo se detienen, sólo importa lo que sucede entre ellos. Esos eternos segundos a cámara lenta simbolizan perfectamente el ansia, la tranquila desesperación, el deseo que tienen ambos de llegar hasta el otro. Nada puede detenerles, nada puede interponerse en su camino hasta que finalmente se encuentran en medio de la calle.

Estéticamente el corto es de una belleza sublime. El estar rodado en blanco y negro es todo un acierto a la hora de potenciar las emociones y centrar al máximo la atención del espectador. La música acompaña perfectamente el desarrollo de la acción y el tono general del vídeo. El hiperrealismo se nota en la precisión y el cuidado de los detalles². El momento en que el hombre pisa el charco, la mujer atravesando el cristal del café y las consecuencias en el coche del atropello son auténticas obras maestras. Personalmente, nunca había visto nada igual. Las expresiones de los personajes me han parecido absolutamente brillantes en los siguientes momentos: la serenidad y confianza en el rostro de la mujer que cierra los ojos y se prepara para atravesar el cristal, la dignidad y majestuosidad con la que emerge entre los fragmentos de vidrio y la firmeza en la cara del hombre cuando es atropellado que nos dice “esto no me detendrá”. Otra escena fantástica es ver a los dos protagonistas ya en medio de la carretera, a punto de encontrarse, avanzando cada uno a través de una estela de cristales rotos que les acompaña.

Es muy poética también la escalada de sacrificios que hacen nuestros dos protagonistas por encontrarse, que bien pueden representar los esfuerzos que deben realizar los miembros de una pareja para que el amor triunfe. El primero lo realiza el hombre al que no le importa pisar de lleno un charco al poner el pie en la carretera, no está para perder el tiempo con detalles, no está dispuesto a desviar su mirada ni su atención de su objetivo. A continuación la mujer deja caer la copa de vino que se rompe sobre la mesa con gran estrépito y lo mancha todo, ella tampoco está para preocuparse del revuelo que eso pueda provocar en el café. El siguiente peldaño lo sube el hombre al arrojar el maletín del trabajo al medio de la carretera sin inmutarse lo más mínimo. Ahora no tienen importancia los papeles ni las posesiones que pueda haber dentro. Inmediatamente la cámara se fija en la mujer, que decide atravesar el cristal del café para salir a la calle porque es el camino más directo y más rápido para encontrarse con el hombre. El clímax llega en el atropello, que ya habíamos intuido anteriormente cuando nos pareció ver que unos faros iluminaban los pantalones del hombre. El único contratiempo que ese accidente es capaz de provocar en él es perder el sombrero.

Este corto ha ganado numerosos premios internacionales, incluido la prestigiosa Victoria Dorada ante rivales de la talla de “Avatar” o “Up”. Los grandes productores de Hollywood se rifan a Manoukian y que no os extrañe si pronto tenemos noticias suyas. Para quien le interese, hay un excelente artículo en la revista Wired donde se especifican todos los temas técnicos del corto y el propio director nos desvela algunos de sus secretos curiosidades, muy interesante.

Unas recomendaciones finales. No os perdáis el making-off que podéis encontrar en la web de Manoukian a la que llegaréis a través del primer enlace de este artículo. También me gustaría que le echarais un vistazo a este otro maravilloso corto titulado Sky de Philip Bloom rodado en Dubai con material grabado a lo largo de cinco días y noches.

NOTAS:

(1) El Café de Flore es un conocido café de París en el que a lo largo de sus más de 100 años ha sido punto de encuentro ineludible de intelectuales de todo tipo.

(2) El corto me ha recordado el cuadro Nighthawks de Edward Hopper por la época que evoca, el detallismo del interior del local (saleros, servilleteros, etc.) y ese mundo lúgubre y difuso que existe fuera de los protagonistas.

Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s