DEMASIADO AL ESTE ES EL OESTE

A ver si os suena esto.

Existe un pequeño territorio que es la región con la renta per cápita más alta de una unidad política mayor. Hace muchos años fue integrado en ella a la fuerza, contra su voluntad, y perdiendo todos sus derechos y privilegios que había tenido durante siglos. Los habitantes de este territorio expresaron inequívocamente, a través de su parlamento autónomo, su voluntad de tener mayor autogobierno; de que se les reconociera como nación y como país con un origen, lengua y culturas distintos al resto; de poder ejecutar con libertad y sin la supervisión del parlamento de esa otra unidad política mayor las competencias que les habían sido transferidas. Pedían también poder tener federaciones independientes, cosa que por ley tenían prohibido. Pero ninguna de sus peticiones, basadas en su diferencia histórica forjada a lo largo de los siglos y en la libertad de los pueblos a decidir por sí mismos, fue atendida.

El parlamento, el gobierno y los ciudadanos de ese territorio al que estaban anexionados no quisieron oír su voz, les negaron todo reconocimiento. Incluso los medios de comunicación silenciaban sus quejas. Es más, a veces, cuando iban a la televisión oficial de ese otro territorio a expresarse libremente sus reivindicaciones, eran despreciados por periodistas al servicio de un nacionalismo centralista que no estaba dispuesto a tolerar ninguna segregación. ¿Sabéis de qué territorio os hablo?

¡¡Exacto!! Se trata del Valle de Arán.

El Valle de Arán es una comarca catalana de unos 10000 habitantes que cuenta con la renta per cápita más alta de toda Cataluña. Dispone de un parlamento autónomo, el Conselh Generau d’Aran, que en 2005, en pleno proceso de redacción del Estatut de Catalunya que sería aprobado en 2006, entregó a la Generalitat un documento titulado: “Aportació al nou Estatut de Catalunya”. Este escrito, aprobado por unanimidad en Arán, presentaba una serie de reivindicaciones históricas que esta comarca ha ido haciendo a lo largo de los últimos años al gobierno y al parlamento catalán para que fueran incorporadas a la redacción del nuevo Estatut:

  1. Pacto de libre unión del territorio autónomo aranés con Cataluña
  2. Reconocimiento como País de origen, lengua y culturas no catalanas.
  3. Poder ejecutar las competencias transferidas por la Generalitat de forma plena y sin su tutelaje.
  4. Posibilidad de creación de federaciones deportivas, no selecciones sino únicamente federaciones, aranesas (prohibidas por ley al ser dependientes de las catalanas).

Ninguna de esas peticiones fue atendida. La mayoría del Parlamento Catalán y la Generalitat no están por la labor. Cabría esperar que aquellos que se manifiestan y reclaman con todas sus fuerzas a Madrid respeto por sus diferencias culturales, ser considerados nación y disponer de mayor autogobierno y capacidad de decisión (por no hablar de independencia), fueran sensibles a esas mismas reivindicaciones que, con mucho más motivo, les hicieran otros a ellos. Pero eso sólo es propio de gente íntegra, consecuente y coherente con sus principios. La realidad es el “haz lo que yo diga, no lo que yo haga”. Esto puede llevar a pensar que realmente todas estas fuerzas políticas, todas estas personas, no defienden ni creen realmente en la libertad para la autodeterminación de los pueblos, ni en el reconocimiento y respeto a la diversidad ni nada de lo todo lo que reclaman para sí mismos. Si fuera así, serían los primeros en predicar con el ejemplo. Reclaman cosas para sí mismos, no porque crean en ellas ni las consideren derechos inalienables de los pueblos, sino por interés propio.

A modo de despedida, os dejo un interesante vídeo con un debate entre Pilar Rahola y un joven nacionalista aranés en el programa “Els Matins” de Josep Cuní. A esto me refería antes. Poned las palabras y argumentos de la ardiente defensora del independentismo catalán en boca de la derecha más rancia e intolerante española contra Cataluña y veréis que son exactamente las mismas.

En este mismo sentido, poco antes de que el Tribunal Constitucional dictara la sentencia sobre el Estatut, el presidente del Parlament de Catalunya, Ernest Benach dijo: “No acataremos la sentencia si la consideramos injusta”. En 1934 Jose Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, dijo respecto al gobierno de la II República “No acataremos las leyes que consideremos injustas”. No hay mucha diferencia ¿verdad? Claro que no y es que, como dice un viejo proverbio inglés, “demasiado al este es el oeste”.

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